El
origen de la Parroquia de Alfafar se remonta a los primeros años tras la
Conquista del Reino de Valencia. Constituía la primera demarcación parroquial
situada al Sur del término de la ciudad. El actual templo parroquial, que
sustituye otro anterior de estilo gótico situado sobre el mismo lugar, fue
iniciado en 1736 con aportaciones del propio pueblo y concluido el año 1748. Se
trata de un magnífico edificio construido a base de mampostería reforzada por
capas de ladrillo cocido a la manera romana, en el estilo barroco popular
valenciano, típico para las construcciones de la primera mitad del Siglo XVIII.
No obstante su carácter popular y anónimo, evidencia por otra parte un notable
conocimiento de las técnicas arquitectónicas y de la buena construcción, así
como de los principios estéticos del Barroco.
El edificio se halla inscrito dentro de
un cubo a partir del que se van sacando las restantes proporciones. La
construcción es la tradicional en la época barroca de la primera mitad
del Siglo XVIII, a base de pilares, arcos y bóvedas que van trasmitiendo las
cargas al exterior. Las paredes están hechas a base de mampostería asentada
sobre mortero de cal y arena y verdugadas de cuatro líneas de ladrillo macizo
así como los marcos, esquinas, molduras y contrafuertes. Se preveía que estas
paredes fuesen enlucidas con mortero de cal y arena
y posteriormente pintadas y decoradas, pero solamente la cúpula y la fachada
principal con el campanario pudieron ser rematadas en la fase principal de la
obra. A principios del presente siglo, la Iglesia de Alfafar se encontraba
considerablemente deteriorada como consecuencia de guerras, saqueos y sobre todo
por las inclemencias
del tiempo.
Diversos rayos habían dañado el campanario y la fachada principal presentaba
desconchados y pináculos rotos. Entre los años 1915 y 1917, aprovechando la
buena coyuntura económica que vive el país, se inicia la restauración de la
torre y la fachada con una subvención pública de la Diputación de 2000
pesetas, propiciada por el diputado y senador por la comarca Don José
Valldecabres. La fachada se pica y vuelve a enlucir totalmente con una falsa
distribución de sillares que todavía perdura. Al campanario se le añaden
pequeños retoques modernistas y se le cambian la mayor parte de los pináculos.
Finalmente se pinta en los colores pastel a la moda de la época.
La
Guerra Civil de 1936-39 supuso la mayor catástrofe para el edificio desde su
construcción. El interior del templo fue incendiado y acabo convirtiéndose en
mercado y, posteriormente, en teatro.
La
restauración, que comienza al año siguiente de acabada la guerra, es llevada a
término por la iniciativa particular bajo el rectorado de Don Fermín Vilar
Taverner, que rigió la parroquia durante 37 años. Se pican las paredes de yeso
quemadas y maltratadas durante el período de la guerra y se vuelven a enlucir
reponiendo las molduras, capiteles, cornisas, adornos, etc., no siempre con
acierto y conocimiento de la situación anterior a la destrucción. Se coloca un
pavimento nuevo de baldosa hidráulica y se pinta el interior con colores
fuertes y estridentes que quieren simular mármoles y dorados de aspecto
neomodernista, que ya nada tienen que ver con la concepción original barroca,
caracterizada por el yeso desnudo y los filetes grises que contornean las
molduras. Poco a poco se van colocando nuevos altares y retablos de yeso o
madera en las capillas laterales y finalmente se construye el grandioso altar
mayor de mármoles diversos y bronce que alberga la imagen de Nuestra Señora
del Do, patrona de Alfafar, cincelado por los artesanos Manuel Peris Ferrer,
marmolista de Alboraia y por Antonio Piró, orfebre de Valencia, todo él a
imitación del altar mayor del Monasterio San Miguel de los Reyes de Valencia.
La
reconstrucción del templo supuso un enorme esfuerzo del pueblo de Alfafar en
una época de penuria como fue la posguerra, con pocos dineros y medios técnicos
y escaso asesoramiento profesional. A pesar de todo podemos hablar, hoy en día,
de un trabajo digno y generalmente acertado, conforme con el celo puesto por
todo el vecindario.
Las
reformas litúrgicas posconciliares hicieron tambalear la buena marcha
emprendida después de la guerra, introduciendo innovaciones desafortunadas y
poco respetuosas con el patrimonio mueble e inmueble de la Iglesia, como fueron
en el caso de Alfafar la sustitución de la mesa del altar, la supresión del
manifestador y barandillas del presbiterio, por citar algún ejemplo. Se pretendía
darle a la iglesia un aire moderno y renovado que no casaba con la imagen
tradicional de un templo del Siglo XVIII.
A
partir de la década de los 60 se entra en un período de transformación
industrial y económica del país en el que, en cierta forma, se olvidan las
tareas de reforma y protección de los templos. Este abandono se evidencia en la
Iglesia Parroquial de Alfafar, sobre todo, en el progresivo deterioro de su
fachada principal y de la torre del campanario.
El
progresivo deterioro del edificio hace necesario que en el año 1993 se acometa
su restauración, fruto de la cual, la Iglesia adquiría su actual aspecto,
comenzando por la torre del campanario y, posteriormente, continuando con la
fachada principal. La restauración no se limitó tan solo a solucionar los
problemas de seguridad que planteaban los posibles desprendimientos de cornisas
o de la propia veleta. Su objetivo, se centró, además, en devolver al edificio
su antiguo esplendor barroco.